
En todo el mundo, 84% de la gente dice que no pueden hacer su trabajo sin emails. La redacción y lectura de los emails ocupan un promedio de 23% de la jornada laboral. Las personas revisan en su trabajo sus emails 36 veces por hora. Cada persona envía una media de 34 emails y recibe 88 emails por día…
Todo esto parece tal vez un poco exagerado pero estas cifras son datos oficiales (Radicati Group – Email Statistics Report).
Como los emails representan una herramienta tan importante en nuestro trabajo, es importante que los usamos de una manera eficaz y que tengamos en cuenta la personalidad del destinatario.
La manera en que redactamos y leemos nuestros correos electrónicos puede decir mucho sobre nosotros, reflejando rasgos de personalidad, hábitos de trabajo y preferencias de comunicación.
Los detallistas suelen enviar correos meticulosamente estructurados, con atención a la gramática y ortografía, reflejando su naturaleza perfeccionista. En contraste, las personas más pragmáticas tienden a ser directas y concisas, privilegiando la eficiencia sobre la forma. Los individuos creativos, por otro lado, podrían incorporar elementos visuales o un lenguaje más expresivo, buscando inspirar o generar un impacto emocional en el receptor.
La forma en que interpretamos los emails también varía. Mientras algunos pueden sentirse agobiados por bandejas de entrada saturadas, optando por respuestas rápidas o la delegación de tareas, otros podrían disfrutar del proceso de leer detenidamente y reflexionar sobre las respuestas, demostrando una inclinación hacia la meticulosidad y la consideración.
Entender estas diferencias no solo puede mejorar nuestra comunicación por correo electrónico, sino que también nos ofrece una oportunidad para apreciar la diversidad de caracteres y estilos de trabajo en nuestro entorno, facilitando una colaboración más armoniosa y efectiva.
Y esto último es precisamente por lo que le prestamos tanta atención en nuestra empresa 🙂